La venganza de Muriah


Semana de la ilusión, día del agua

Al entrar en el Fuerte Raus, Mina y sus compañeros se enfrentaron a un panorama desolador. El silencio sólo era interrumpido por gemidos lastimeros y tosidos, y la poca gente que había en pie tenían un aspecto enfermizo. Además, el aire olía pesadamente a cadáver. El único mercenario que vigilaba el muro de piedra les dijo entre sonoras expectoraciones que hacía una semana que una grave enfermedad había empezado a afectar a todos los habitantes de Ronegarth y que ni siquiera la familia del duque se había librado. En ese momento, Daine interrumpió la conversación. El capitán de los mercenarios, ojeroso y con los pómulos marcados, les contó con voz quejumbrosa que su llegada no podía ser más oportuna, ya que eran de los pocos en el fuerte que todavía estaban sanos. Les informó que Varna, la duquesa, había sido la primera víctima de la plaga, hacía una semana, pues ya se encontraba débil tras el ataque del espíritu maligno, y que posteriormente habían caído seis de los colonos de Ronegarth y dos mercenarios del fuerte, además de varios bueyes, ovejas y cebras. El propio Daine había ido a buscar la ayuda al templo de Chalana Arroy en Puertacuernos, pero las dos iniciadas que habían venido con él no parecían poder detener la enfermedad pese a sus esfuerzos. Antes de nada, Daine ordenó a nuestros protagonistas que se acercaran a la cercana villa de Weis para comprobar si estaban bien y tratar de reclutar la ayuda para llevar a cabo los quehaceres del fuerte.

Siguiendo las órdenes de su capitán, Mina y los demás se dirigieron de vuelta al río y allí pidieron a los tritónidos al servicio del duque, que estaban sanos, que los condujeran río Vilinar arriba, el afluente del Zola Fel que discurre por la cuenca de Weis hasta la pequeña aldea del mismo nombre (ver
mapa de las tierras del duque Raus). Mientras navegaban río arriba, nuestros héroes se percataron de que había grupos de peces muertos flotando en las aguas. Al llegar a Weis, constataron que la situación era igual o más grave que en Fuerte Raus. Ni siquiera se oían los pájaros, la mayoría de las chozas estaban vacías y el aire portaba el hedor del humo de las piras funerarias. Mina decidió entrar en una de las chozas y se encontró postrado en un catre a un hombre con la cara repleta de costras ulcerosas y otros signos evidentes de llevar muchos días enfermo. Mina le preguntó si quedaba alguien vivo en el pueblo, pero el hombre apenas podía balbucear algunas palabras. Al poco encontraron una vieja que se tapaba la nariz y la boca con un paño. Cuando le preguntaron si sabía a qué se debía aquella epidemia, la vieja contestó con seguridad: «¡Ha sido Muriah! ¡Ha sido Muriah! Muriah nos maldijo a todos cuando se marchó. Ya han pasado veinte años y lo habíamos olvidado, pero ahora la muerte nos acecha tal y como prometió». Al instarle a que les contara quién era esa tal Muriah, la vieja se sentó en una piedra y les contó lo siguiente: «Hace una generación, Muriah y sus padres vivieron en Weis. En aquellos días todos éramos muy pobres y vivíamos con el miedo constante a los nómadas, que prendían fuego a las casas y robaban cuanto querían. Muriah y sus padres se vieron obligados a vivir junto al río, apartados del pueblo, y sus padres no tardaron en caer gravemente enfermos. Muriah, que tan solo era una niña, fue de choza en choza buscando ayuda para los suyos, pero todo el mundo le cerró las puertas en represalia por los robos que había cometido su padre. A la mañana siguiente, su padre y su madre habían muerto, y ella nos dijo a todos que llegaría el día en que todas las puertas de Weis quedarían cerradas por la muerte del mismo modo que se cerraron ante sus padres moribundos. Luego se marchó de Weis para siempre y todos pensamos que habría muerto. Pero entonces, un día nuestro cabecilla tuvo un sueño en el que vio a Muriah que le decía: "Han pasado veinte años, prepara a tu gente para el fin", y al día siguiente murió el primero de los nuestros». Uldur le pidió a la anciana que le indicara dónde estaba la choza de los padres de Muriah y trató de encontrar a los espíritus de los fallecidos en "el otro lado", pero hacía mucho tiempo que debían haber abandonado el lugar. Al explorar un poco los alrededores, Naid y Uldur encontraron varias pisadas de animales ungulados que se dirigían río arriba hasta las fuentes del río y empezaron a sospechar lo peor. El grupo decidió entonces seguir remontando el río con un fuerte presentimiento de lo que podrían encontrar una vez allí.

Al poco llegaron a una amplia abertura cavernosa en la cara sur del valle de donde surgía con fuerza la corriente del río Vilinar. Se internaron por la orilla derecha y tras dar unos pasos en la penumbra, vieron que el río giraba a la derecha cortándoles el paso. Además de la oscuridad, la vista también se veía impedida por el vapor de agua que ocupaba el centro del río. Nafai invocó la ayuda de su dios y un halo de luz empezó a proyectarse desde su lanza dorada. Gracias a la luz,
vieron que la caverna se ensanchaba por la otra orilla, así que decidieron tratar de cruzar las aguas. En ese mismo momento, una flecha se estrelló en la pared justo detrás de Nafai y luego otra le hirió en la pierna. Al mirar en la dirección del ataque, vieron un ser cornudo parapetado detrás de una formación de robustas estalagmitas. De inmediato, nuestros héroes se apresuraron a tensar las cuerdas de sus arcos y respondieron al ataque con sus propios proyectiles e hiriendo gravemente al ser en una de sus pezuñas. Se trataba de un broo. Mina comprendió al ver a la sucia criatura caótica que lo más probable era que una banda de broos estuviera contaminando a propósito las aguas del río y que, seguramente, eran esas aguas las que alimentaban el pozo del Fuerte Raus (!). No se lo pensó dos veces y convino con el resto que se ocuparan de los broos mientras ella iba a avisar a Ronegarth. Mientras Mina la Despampanante volvía a las fuentes del Vilinar a toda prisa, se encontró a Hornash i Nafai echados en la barca de los tritónidos volviendo hacia el fuerte. Estaban vivos, pero uno sufría unas terribles convulsiones y el otro fuertes escalofríos continuos. «¿Qué ha pasado? ¿Dónde están los otros?», preguntó muy preocupada. Sus amigos le aseguraron que habían acabado con la banda de broos, pero que Nafai y Hornash habían caído presa de enfermedades graves y por eso se dirigían al fuerte mientras los demás se ocupaban de quemar los cadáveres de los seres caóticos, destrozar el altar a Malia que habían erigido en la caverna y hacerse con las posesiones de valor de los enemigos vencidos. Al llegar al fuerte, Daine ordenó a Mina que fuera rápidamente al oasis de Puertacuernos a pedir la ayuda de la sacerdotisa del templo de Chalana Arroy. Gracias a su ayuda, Hornash y Nafai se sanaron, al igual que Naid, quien, tras recoger los tesoros de los broos, también se había contagiado. Durante una semana, las sacerdotisas de la diosa de la curación atendieron a los enfermos y, poco a poco, Ronegarth y Weis fueron recuperándose de la plaga.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Los broos son una raza caótica muy relacionada con el Trío Infernal formado por Ragnaglar, Thed y Malia. Como Ragnaglar murió durante las Guerras de los Dioses, los broos adoran sobre todo a Thed, madre de la raza, y a Malia, diosa de la enfermedad.

Thed era una diosa de la fertilidad antes de servir al Caos y los broos son el ejemplo más evidente de fertilidad caótica: pueden aparearse con cualquier ser vivo, independientemente de su sexo, y el resultado es una larva que suele matar a su desafortunado progenitor al nacer y que crece salvaje hasta convertirse en un nuevo broo.

Thed es la diosa de la violación y sus malditos hijos se esfuerzan en continuar la obra de su madre por Glorantha. Pero la magia de Thed no es poderosa ni muy útil, y los broos la adoran principalmente como diosa madre y origen de los broos, una adoración que si fuera interrumpida podría acabar con la raza.

Sin embargo, a la hora de conseguir magia útil, Malia es más atrayente. Malia es adorada entre los humanos de forma propiciatoria, para que sus enfermedades no les afecten; aunque siempre será más provechoso ofrecer sacrificios a Chalana Arroy, Diosa de la Curación, muchas gentes desesperadas buscarán cualquier forma de salvarse, incluso ofreciendo sacrificios a una diosa del Caos.

Los broos no tienen porqué preocuparse por Malia, ya que por naturaleza son inmunes a cualquier tipo de enfermedad o pestilencia, un resultado de la alianza de Thed y Malia en tiempos míticos. Muchos de los broos más poderosos y malignos se convierten en chamanes a través de Malia. Estos Señores de la Enfermedad se complacen en invocar espíritus de las enfermedades, envenenar pozos de agua y defecar sobre sus propias armas y botín, para desgracia de muchos codiciosos (e incautos) aventureros.

La mejor táctica a la hora de deshacerse de broos es matarles a distancia con hechizos y armas de proyectiles y después quemar sus cuerpos, posesiones y guaridas con fuego. Visitar el templo de Chalana Arroy más cercano lo antes posible también es muy recomendable.

Aureclepius,
Sabio de Lhankor Mhy
Rutius Escudoquebrado ha dicho que…
Mina se perdió toda la batalla con los broos. Y los otros anda que saquear los tesoros de los broos, ya les vale...

Rutius Escudoquebrado,
Iniciado de Lhankhor Mhy

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