Regreso a las ruinas malditas


Oh gran Lhankhor Mhy, pido perdón por los conocimientos prohibidos y blasfemos que hoy me veo obligado a poner por escrito, conocimientos que nunca me debieron ser revelados y que nunca deben llegar a oídos humanos. Si escribo hoy este nuevo capítulo y no lo relego al olvido es porque le juré a mi querida Mina que transcribiría todas sus hazañas. Sin embargo, por la fidelidad que debo a mi señor Lhankhor, lanzaré esta página a la hoguera después de escribirla. Que los dioses maldigan a los lunares y a su codicia e ingenuidad.


Estación de las tormentas, semana de la verdad, día de la arcilla


Mientras Fuerte Raus terminaba de recuperarse de la plaga extendida por los broos a través del agua del río, desde las almenas nuestros protagonistas vieron acercarse un pelotón de soldados lunares montados en antílopes sable. El líder del grupo, el decurio Dalamides Aveticus, se identificó como jefe del Equipo de exploración provincial lunar y exigió hablar con el duque Raus. Al entrar en el patio de armas y desmontar, Mina vio que se trataba de diez soldados bien pertrechados y de tres oficiales de diverso aspecto aparte de Aveticus. Los cuatro oficiales pasaron al salón de audiencias del duque y, al cabo de un rato, Daine llamó a Mina, Naid, Hornash, Nafai y Tarin para que se reunieran con ellos.

En el salón, los recién llegados se presentaron a nuestros héroes: Dalamides Aveticus, decurio y cimitarra de Yanafal Tarnils, Reskil Taramus, sacerdote de la diosa roja, Evyn Naria, iniciada de Irripi Ontor y experta en arqueología y Hargard Phan, experto en asuntos arcanos. Junto con el grupo de soldados lunares, el Equipo de exploración provincial lunar se encarga de recorrer las tierras de Prax en busca de artefactos antiguos de valor para el Imperio, así como de investigar lugares de poder y contactar con posibles nuevos aliados.



Hornash estaba seguro de haberlos visto en otro lugar, pero sin poder recordar nada más. El duque tomó entonces la palabra e informó a Mina y los suyos de que el Equipo de exploración provincial se encontraba en sus tierras con el fin de visitar la tumba subterránea donde nuestros héroes habían luchado por sus vidas contra la horda de momias. Al parecer, la venta de los objetos mágicos al templo de Irripi Ontor en Pavis había despertado su interés por investigar ese lugar aborrecible y habían pedido al duque que les indicara el camino a las ruinas. El duque Raus asignó la tarea a Mina y los suyos, ya que habían sido ellos quienes las habían descubierto y explorado en primer lugar. Sin embargo, más tarde el duque llamó a nuestros seis protagonistas para hablar con ellos en privado y les comunicó que, en caso de que allí encontraran algún objeto de valor más, intentaran ocultarlo a Aveticus y compañía.


Los tritónidos transportaron a todos hasta las ruinas del Pantano Norte y, una vez allí, Mina indicó a los lunares por dónde se bajaba al subterráneo. Hargard y Evyn parecían asombrados por las salas subterráneas y las extrañas runas que había allí grabadas. Hargard consultaba un gran libro abierto en sus brazos, que Nafai reconoció como uno de los dos que habían encontrado en la sala de las momias. Evyn, por su parte, tomaba nota de todo lo que veía. Hargard, con la ayuda de su libro y extraños hechizos, halló un mecanismo secreto en uno de los nichos y lo estuvo manipulando durante un buen rato con la ayuda de Evyn. Mina, gracias a los pendientes de Issaries que le permitían comprender cualquier idioma, oyó que Hargard le decía a Evyn lo siguiente en nuevo peloriano: «Fíjate, es un cuadro mágico, todas las hileras suman quince. Parece que a los estos aprendices de dios les gustaban los juegos de números…». La bella Mina se quedó helada. Había oído historias terroríficas sobre los llamados aprendices de dios, cuyo gran imperio antaño había hecho enfurecer a los dioses por tratar de rivalizar con ellos en poder y al final habían pagado cara su osadía al ser aniquilados por completo de la faz de la tierra.

Al cabo de un rato, la pared ante la que estaban apiñados los cuatro oficiales lunares se abrió ante ellos como si de una puerta se tratara, revelando un ancho pasadizo oscuro. Tragando saliva, Mina y los demás siguieron a los lunares iluminando el camino con las antorchas. No tardaron en encontrarse con la primera sorpresa, pues Hargard se arrodilló junto a un rectángulo metálico que había en la pared a pocos metros de la entrada y, tras lanzar otro de sus hechizos, un gran salón se iluminó de súbito ante ellos mediante una especie de rectángulos brillantes que había a intervalos regulares en las esquinas del techo (!!!).
Mudos de asombro, todo el grupo contempló atónito el lugar. Era una sala de unos 20x14 metros con varias salidas, en cuyo centro destacaban dos figuras paralizadas de un tritónido y un agimori y una abertura circular en el suelo a través de la cual se veía otra sala de iguales dimensiones inundada de agua hasta el techo. Hargard fue el primero en reaccionar y le hizo un gesto a Evyn para que lo siguiera hacia una de las puertas. Hornash encontró muy sospechoso que Hargard supiera tantas cosas, así que los siguió y vio que entraban en una pequeña sala adyacente rellena de estanterías repletas de antiguos libros y pergaminos. Hargard estaba tan entusiasmado con su hallazgo que no se percató de que se le desprendía una hoja del libro que asía bajo el brazo y Hornash se hizo con ella:Mientras tanto, los otros dos lunares decidieron explorar por una salida, Mina tomó otra, Nafai otra y Naid, en cambio, decidió investigar mejor la gran sala. Uldur se acercó a la figura del agimori y descubrió con horror que no estaba paralizado por algún tipo de magia, sino que era un muñeco relleno de paja pero recubierto con la piel y el equipo de uno de los su raza. Naid se fijó en una serie de vitrinas de cristal polvorientas que adornaban las paredes y descubrió que dos de ellas estaban cerradas y contenían algo en su interior. Debajo de ellas, tras una plancha de cobre, encontró una serie de misteriosos bajorrelieves en forma de círculos blancos y negros. En el suelo encontró unas piezas hechas de madera y cobre que parecía encajar entre ellas y en los surcos entre los círculos en posición vertical o horizontal. La fascinación por encontrar una explicación a todo aquello le llevó a devanarse los sesos hasta descubrir que las piezas servían para conectar cada círculo blanco con un único círculo negro y viceversa. Al conseguirlo, logró abrir las dos vitrinas y luego una tercera, y así tuvo acceso a lo que contenían: una máscara de sapo hecha de madera, un escudo de piel de estilo praxiano y una piedra azul perfectamente pulida en forma de huevo. Los lunares no vieron cómo Naid se guardaba estos objetos en su mochila.

Nafai descubrió una sala con una serie de nueve círculos metálicos con símbolos desconocidos grabados en el suelo. En otra sala se asombró al ver una especie de pequeña piscina circular cuyas aguas parecían estar hirviendo. De las aguas surgió una muchacha desnuda de belleza sobrenatural que le invitaba mediante gestos a sentarse con ella en el agua. Sin embargo, Nafai decidió alejarse de allí y seguir explorando otras salas.


En un antiguo dormitorio, Mina la Preciosa encontró unos pergaminos antiguos y unas viejas pinturas que representaban paisajes extraños:Luego decidió con Hornash sumergirse en la sala inferior gracias al don de Zola Fel que ambos poseían como Voces del Río y que les permitía respirar el agua como un pez.

Mientras Aveticus y Taramus exploraban otras salas, Tarin, Uldur y Nafai entraron en una enorme sala circular y empezaron a registrarla. Tarin encontró un tarro de cristal que contenía dos pulgares negros y peludos, y luego se quedó helada de miedo al ver una aparición: el fantasma traslúcido de un hombre de rasgos ligeramente praxianos que iba vestido con sofisticados y extraños ropajes.


Ante aquella nueva sorpresa, los tres héroes trataron de comunicarse con él, ya que no parecía violento. El fantasma hablaba una lengua desconocida, pero, mediante señas, les indicó que se reunieran en el centro de la sala junto con los cuatro oficiales lunares. Nafai los fue a buscar y estos se prestaron a ello movidos por la curiosidad. El fantasma les indicó que se cogieran de la mano y entonces empezó a entonar un hechizo. Sin poder hacer ya nada para echarse atrás, todos vieron como la realidad se desdibujaba a su alrededor y, tras un fuerte destello, aparecían en… otro lugar.


Un paraje inhóspito, un paisaje repleto de colinas con una perenne tormenta muy oscura en el cielo. Ante ellos, un ejército de guerreros armados con espadas se preparaban para batallar contra una horda de guerreros al otro lado de una hondonada.


Mientras tanto, Hornash y Mina exploraban el piso inferior inundado. Hornash se acercó hasta un pasillo y descubrió una gran sala con un gran conjunto de artilugios metálicos conectados mediante cilindros y una vitrina como las del piso de arriba. Lo más intrigante de todo eran dos grandes cubas de cristal. En una yacía suspendido un aldryani acuático inerte y en la otra una mujer embarazada dormida, ambos con cilindros metálicos pegados a distintas partes del
cuerpo. Luego Hornash fue a reunirse con Mina, que estaba en otra sala luchando contra una familia de tiburones del barro. Estos se habían adentrado en la zona inundada de las ruinas a través de un agujero que conducía a la superficie del pantano. Tras derrotarlos, descubrieron unas palancas en una pared y, sin dudarlo un instante, nuestra despampanante heroína tiró de todas ellas movida por una curiosidad irrefrenable. Al acto, se abrió una puerta metálica hasta ese momento cerrada al fondo de un pasillo, oyeron ruidos metálicos en otra sala y, lo más importante: por todo el recinto empezó a oírse un ruido agudo e intermitente acompañado de una voz masculina que en tono urgente repetía las mismas extrañas palabras una y otra vez. Gracias de nuevo a sus pendientes mágicos, Mina pudo comprender el mensaje: «ATENCIÓN A TODO EL PERSONAL DE LA FÁBRICA, SE HA PRODUCIDO UN FALLO EN EL NECRONÚCLEO 266. EVACÚEN LAS INSTALACIONES DE MANERA ORDENADA. EQUIPO TÉCNICO: ACUDA DE INMEDIATO». Mina y Hornash se apresuraron a bucear hasta el pasillo donde se había abierto la puerta metálica y encontraron una enorme caja de bronce de la que salían unos cilindros metálicos hasta el techo. Se fijaron que tras un panel había unos símbolos grabados que se correspondían con una especie de cadenas circulares que habían encontrado en el piso superior. Tras este descubrimiento, observaron que de la caja metálica empezaban a surgir espectros descarnados de tritónidos y nómadas praxianos.

Mina y Hornash se apartaron de allí a toda prisa, subieron hasta el piso superior y no vieron ni a sus amigos ni a los lunares. Sin embargo, vieron que una sala parecía estar repleta de niebla y entraron en ella para tratar de encontrar a los demás.

En ese momento, aparecieron junto a Tarin, Nafai y Naid, en medio de un gran campamento de
guerreros. Sus tres amigos les informaron de que habían participado en una batalla y que, como Uldur había constatado, no era posible abandonar aquel lugar, pues alejarse de allí suponía acercarse al mismo paraje. Hornash les informó entonces que, de alguna manera, habían sido transportados al reino de Humakt, dios de la muerte, y que, según los mitos que le habían relatado los sacerdotes de su culto, aquel lugar era donde los mejores humaktis luchan eternamente tras la muerte en honor a su deidad.

Lo primero que hicieron fue buscar a los cuatro lunares y los descubrieron entre los guerreros del ejército enemigo. No obstante, desde la distancia vieron cómo Hargard sacaba uno de los artefactos mágicos que habían sido vendidos al templor de Irripi Ontor en Pavis y, tras lanzar un hechizo desconocido, los cuatro desaparecían sin dejar rastro.


Al término de la batalla, en el campamento, se les apareció de nuevo el fantasma traslúcido que los había transportado hasta allí y, en praxiano antiguo, se presentó como Triesis, fiel servidor de Vadranus, gran hechicero y científico. Y empezó a mofarse de nuestros protagonistas, diciéndoles que ahora ya no iban a poder saquear los aposentos de su amo, pero que a la vez, ¡se alegraba de tener alguien con quien hablar para el resto de la eternidad! Hablando y soportando sus constantes burlas y aires de superioridad, Mina y los demás descubrieron que el hechizo que creaba aquella entrada al plano divino le había sido confiado al amo de Triesis porque le habían dicho que le ayudaría a resolver un problema que le tenía muy preocupado. Sin embargo, no había conseguido dar nunca con la solución y, curiosamente, se mofó Triesis, descubrir esa solución sería lo único que podría devolverlos al plano de los mortales.


(Resulta evidente que ese tal Vadranus no era más que un aprendiz de aprendiz de dios, si se me perdona el juego de palabras, porque está claro que quien le suministró el hechizo tan solo pretendía reírse de él. Le dijeron que en ese mito encontraría la solución, pero seguramente sabían que Vadranus ansiaba encontrar el secreto de vivir para siempre, así que lo mandaron al lugar menos adecuado para él: el reino de Humakt, un dios para quien la muerte es lo más sagrado, algo que en ningún caso debe evitarse… sinó aceptarse).

Hornash, como buen humakti, fue el primero en abandonar la trampa de Triesis. Al salir de la gran sala circular, vio que del agujero central del salón surgía el espectro de un tritónido descarnado y comprendió que "el problema" del sótano inundado empeoraba por momentos. Mientras luchaba contra el espíritu, el resto del grupo acabó por entender que los humakti aceptan la muerte sin temor alguno, por lo que al entregarse a ella (sin duda una decisión terrible), lograron escapar de aquella aberrante manipulación del plano de los dioses.

Tras despachar a los espectros, el grupo examinó la sala de las vitrinas. Los lunares habían salido de las ruinas y se los oía conversar en lo alto de las escaleras. Seguramente sospechaban que el mensaje que se oía retumbar por las salas avisaba de un peligro inminente y no querían correr riesgos.


Mina y sus amigos decidieron entonces colocar las cadenas circulares encontradas en el extraño artilugio del piso inundado inferior y así poder reparar el “fallo del necronúcleo”, fuera lo que fuera eso. Se sumergieron en el agua con la magia de Zola Fel, pero tuvieron problemas para avanzar buceando hasta que a Naid se le ocurrió ponerse la armadura para ir andando por el fondo. Del artilugio metálico no cesaban de surgir espectros aturdidos, por lo que llegar hasta el fin fue toda una odisea. Sin embargo, cuando faltaban unos metros, la valiente Mina se adelantó con las cadenas y las dispuso en el panel metálico de manera que encajaran con los símbolos.

Al acto, dejó de oírse la voz apremiante y en la sala inundada reinó el silencio de nuevo.


Por señas, el grupo acordó que Mina y Hornash irían buceando hasta la sala del elfo acuático y la mujer embarazada donde habían visto una vitrina, y el resto subiría a la sala superior para entretener a los lunares. Luego, Hornash y Mina podrían salir por la abertura que conducía al exterior sin que los lunares los vieran y llevarse los tres objetos que Naid había conseguido.
En esta sala, Hornash y Mina vieron una rosa tras una vitrina, pero el sistema de apertura era más complicado que los anteriores y no lograron desentrañar su secreto. Luego se quedaron helados al ver que la bella mujer embarazada abría los ojos y se comunicaba con ellos a través del pensamiento. Se presentó como Paraviel, hija del río, y les pidió que la liberaran de su prisión, donde había permanecido más de siete siglos tras ser apresada por unos arrogantes hechiceros. Tras activar el panel adecuado, Paraviel fue liberada e informó a Mina de que se apresurara a salir de ahí porque iba a destruir aquel horrible lugar para siempre.

Acto seguido, todo el recinto de las ruinas empezó a llenarse de agua de forma violenta. Y por tanto, los lunares, que se habían enzarzado en un combate mágico contra el fantasma de Triesis, optaron por salir corriendo junto con Nafai, Naid, Uldur y Tarin.
La potencia del agua destrozó las paredes de aquellos sótanos siniestros e hizo que las ruinas de la superficie se desmoronaran por completo bajo el pantano. No quedó piedra sobre piedra. El grupo de lunares observaba aquella destrucción sin comprender, mientras Nafai, Naid, Uldur y Tarin aparentaban llorar la pérdida de Hornash y Mina sabiendo que habrían logrado escapar en secreto por otra salida.

A la mañana siguiente, en Ronegarth, el grupo de exploración provincial expuso lo sucedido en las ruinas ante el duque Raus y declaró todo lo que habían encontrado en los sótanos como requisado en nombre del Imperio Lunar. Muy contrariado, el duque argumentó que todo lo que había en sus tierras le pertenecía solo a él, pero los lunares contaban con el apoyo de las altas esferas del gobierno provincial lunar y no hubo nada que hacer. Los lunares también se mostraron interesados en los objetos que nuestros protagonistas habían encontrado en la primera exploración de las ruinas y que no habían sido vendidos al templo de Irripi Ontor (es decir, el botín que el duque había concedido a nuestros héroes como recompensa). Nafai accedió a cambiarles su lanza de oro consagrada a un dios solar ya olvidado a cambio de una buena armadura metálica y convinieron hacer el intercambio la próxima vez que se encontraran en Pavis. Luego, el Equipo de exploración provincial lunar montó en sus antílopes sable y partió de regreso a la ciudad cargados de pergaminos y artefactos antiguos.


Unas horas más tarde, Hornash y Mina llegaron al fuerte y presentaron al duque los objetos que
habían logrado sacar de las ruinas sin ser vistos: la máscara, el escudo, la piedra azul y los pulgares. La irritación que le habían provocado los insolentes miembros del Equipo de exploración provincial se vio paliada por la satisfacción de contar con tan eficientes mercenarios a su servicio.

La recompensa del duque, no obstante, no fue la única que recibieron nuestros protagonistas. Esa misma noche, Mina y sus amigos recibieron la visita de Paraviel en sueños, quien les concedió dones mágicos de Zola Fel a cada uno de ellos en agradecimiento por haberla liberado.

Comentarios

Aureclepius ha dicho que…
Los Aprendices de Dios fueron la secta más famosa del Imperio de los Mares Centrales, uno de los grandes poderes de la Edad Imperial.

El Imperio de los Mares Centrales tenía su sede en la isla-continente de Jrustela, y estaba formado por monoteístas adoradores de Malkion, el Dios Invisible. Durante la Edad Imperial vencieron a los waertagi y les arrebataron el dominio de los mares. Gracias a esta victoria, se extendieron por todo el mundo, colonizando y conquistando enormes regiones en Pamaltela, Kralorela, Slontos o Seshnela.

Su mayor rival siempre fue el Imperio de los Amigos de los Wyrms, que tenía su centro de poder en el Paso del Dragón. Las luchas entre ambos Imperios marcaron toda la Segunda Edad.

Los Aprendices de Dios eran una secta dentro del Imperio que poseía un secreto mágico que les permitía invadir los mitos de otras culturas mediante búsquedas heroicas, obteniendo los poderes del mito sin necesidad de cumplir las restricciones culturales del mismo.

Los Aprendices de Dios viajaron por todo el mundo, comparando las distintas religiones y culturas, encontrando puntos comunes y estableciendo su Monomito, que les permitía conseguir aún más poderes gracias a su conocimiento comparado de los caminos del plano heroico.

Los Aprendices de Dios intercambiaron el lugar de varias diosas de la tierra, acabaron con antiguos guardianes y crearon un caos en el plano heroico. Finalmente, los mismos dioses se volvieron contra ellos y les destruyeron, cazándoles por todos los mundos por los que intentaron esconderse, y hundiendo Jrustela y el Imperio de los Mares Centrales con ellos.

En el Río de las Cunas los Aprendices de Dios fundaron una pequeña ciudad llamada Robacunas, en el lugar donde ahora se alza la ciudad de Pavis. Desde allí saqueaban las cunas que los grandes gigantes enviaban por el Zola Fel hacia el Océano.

El extraño lugar que encontraron Mina y sus compañeros en el Pantano Norte debía ser un centro de experimentación de los Aprendices de Dios, donde éstos llevaron a cabo experimentos con los mitos acuáticos de Zola Fel.

Aureclepius,
Sabio de Lhankor Mhy
Rutius Escudoquebrado ha dicho que…
¡Cuántos conocimientos perdidos en el hundimiento de tan extraña construcción! Qué interesante hubiera sido que nuestros eruditos, inspirados por la sabia guía de nuestro señor Lhankhor Mhy, hubiesen podido estudiar esa tecnología antigua. Lo peor es que parte de esos conocimientos están ahora en manos del Imperio Lunar.

Rutius Escudoquebrado,
Iniciado de Lhankhor Mhy.

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