El rescate de Rungard
Estación de las tormentas, semana del cambio, día del agua
Tras regresar a la mansión del duque Raus en Pavis, Sardeus informó a Mina y los demás que a la mañana siguiente deberían acompañarlo en la audiencia con Sor-Eel, conde de Prax y gobernador de Pavis. Se trataba de un acto formal para informarle que efectivamente habían acabado con los bandidos que estaban alterando el tráfico mercantil por el Zola Fel y, por tanto, que el duque Raus había cumplido la misión encomendada. Así pues, a la hora convenida del día siguiente, nuestros protagonistas y Sardeus de Rone se dirigieron al cuartel general lunar de Pavis, donde se hallaba la sala de audiencias del conde Sor-Eel “el Bajo”. Dejaron las mercancías robadas que habían encontrado en la guarida de los durulz forajidos en un almacén y les hicieron pasar a la suntuosa sala de audiencias. Allí se encontraron cara a cara con Sor-Eel, que estaba hablando con
una sacerdotisa lunar, con Bor-Eel, su hermanastro y señor de las runas de Yanafal Tarnils, y con Radak, el Centurión de Hierro, guardaespaldas del conde y capitán de su guardia personal. Tras una breve charla con Sardeus, el conde de Prax recompensó a los mercenarios de Raus con tres ruedas de oro a cada uno. Luego se interesó especialmente por Mina la Bella, sin duda anonadado ante su hermosura, y le pidió que se quedara un rato más con él tras despachar al resto. Mina no consideró oportuno negarse a la petición del conde y éste charló con ella durante un buen rato, interesándose por el culto de Vinga y la cultura orlanthi, y ofreciéndole todo tipo de cortesías.
Por la tarde, Naid fue a buscar la espada de hierro que había hecho hacer a los fabricantes enanos de Pavis, en el templo de Clavapiedra, fundiendo el extraño brazo metálico encontrado en la tumba de las momias. Nafai, por su parte, fue al mercado a buscar a su viejo amigo Orlev el comerciante y le compró una lanza larga a precio de saldo. Mina pasó el día en el templo de Vinga, ayudando a preparar la gran fiesta sagrada de su diosa junto con las sacerdotisas y otras iniciadas.
Día de la arcilla
Al día siguiente, Mina atendió la gran fiesta sagrada de su culto y revivió el mito de la aceptación de Vinga entre los Hermanos de las Tormentas. Mientras tanto, el resto del grupo trató de indagar sobre el robo perpetrado en la mansión del duque Raus, pero no consiguieron hablar con Jorjak el Rápido, el alguacil de Pavis, ni descubrir nada nuevo.
Ese día por la tarde habían convenido encontrarse en secreto con la Compañía de Pavis para decidir cómo rescatar a Rungard de la prisión. Naid y Tarin se dirigieron al punto de encuentro, la taberna Gimpy’s, y vieron a Perlun el Huérfano sentado en una de las mesas. Hubo cierta confusión para intentar contactar con él, pero finalmente le siguieron hacia fuera de la taberna hasta una casa donde tuvieron que dar la contraseña para entrar. Reunidos de nuevo nuestros protagonistas, empezaron a decidir un plan junto con la Compañía de Pavis y los seis miembros de los Aliados de Orlanth que se habían ofrecido a rescatar a Rungard (Orand, Yavorkan, Jonrik, Baranthos, Ashart y Elnor).
En primer lugar, Osnof Shirraz, el sabio de Lhankhor Mhy de la Compañía de Pavis, informó a todos los presentes que, por lo que se sabía, Rungard iba a ser crucificado al alba justo fuera de las murallas de la ciudad. Naid y Mina propusieron cada uno un plan arriesgado para salvar a Rungard mientras fuera conducido desde la prisión hasta fuera de la ciudad y, después de discutir un poco entre ellos, se acabó optando por el plan de Naid. Sin embargo, mientras los presentes ultimaban los detalles de este plan, ocurrió algo que cambió el curso de los acontecimientos ligeramente: Hornash llegó a la reunión. Se había retrasado debido a unos asuntos en el templo de Humakt y, por el camino, una iniciada de Irripi Ontor de cabellos oscuros se le había acercado para revelarle un secreto.
Al parecer, la noche anterior había escuchado una conversación privada en una sala del templo de su dios en la que un tal “Hazphar” ordenaba que un prisionero orlanthi llamado “Rungard” fuera ejecutado directamente en su celda la noche anterior a la fiesta sagrada de Orlanth sin mostrarlo ante la multitud para así evitar posibles problemas que podrían producirse. Según le explicó a Hornash, aquella iniciada de Irripi Ontor le había revelado esto a Hornash porque había conocido a Rungard y porque, a pesar de compartir los intereses del Imperio, estaba en contra de condenar a muerte a cualquier ser sin someterlo primero a un juicio público y justo.
Cuando Hornash reveló esta información al grupo, Mina fue la primera en proponer que alguien de los presentes debía haber alertado a los lunares de sus intenciones de rescatar a Rungard (¡y por eso iban a ejecutarlo esa misma noche!). «¡Hay un traidor entre nosotros!», concluyó mirando desafiadoramente a todo el mundo. Osnof intervino entonces y dijo que sería fácil descubrir al traidor si todos aceptaban que él les lanzara un conjuro que les obligaría a decir la verdad con la divina ayuda de Lhankhor. Todos asintieron afirmativamente, pero entonces, Jonrik, uno de los Aliados de Orlanth, se lanzó hacia la ventana que tenía más cerca. Mina la Bella lo atrapó a tiempo y, con la ayuda del resto, lo dejaron inconsciente de un golpe en la sien. Más tarde, Osnof le examinó los pensamientos a Jonrik y confirmó que, efectivamente, había sido identificado por los lunares y le habían obligado a darles información amenazándolo con matar a su mujer e hija.
Tras este incidente, el resto del grupo se apresuró a trazar un plan para sacar a Rungard de la prisión esa misma noche antes de que fuera ejecutado en su celda. Al cabo de un rato, cuando la noche ya cubría el cielo, Mina, Naid, Uldur y Nafai se internaron por las callejuelas de Pavis y se detuvieron ante una casa en un callejón desierto. Uldur ayudó a Mina a subir al tejado del edificio y nuestra heroína lanzó una cuerda desde ahí para que subiera el resto. En ese momento, Mina y Naid invocaron el poder del subculto orlanthi de las Sandalias de la Oscuridad y todo el grupo pasó a hacerse invisible e inaudible en la oscuridad. Y realmente debía estar muy oscuro, porque, aparte de ser luna nueva, los Aliados de Orlanth habían pedido ayuda a Orlanth para que encapotara el cielo nocturno y ni siquiera la luz de las estrellas iluminaba la ciudad. Además, Dorblas Sombra Rápida les había lanzado una bendición troll para poder ver en la oscuridad sin problemas. El tejado donde estaban Mina, Uldur, Naid y Nafai era adyacente al edificio de la administración de la ciudad, que contenía el juzgado, las salas de los funcionarios y del consejo de Pavis, la casa de la guardia… y la prisión de Pavis. Mina trepó por la pared y abrió sin problemas una de las ventanas del primer piso. Una vez dentro, descubrieron que se hallaban en la sala del juzgado. A partir de allí, bajaron a la planta baja con sumo sigilo. Una vez abajo, estuvieron a punto de darse de bruces con la sala de descanso de la guardia nocturna, pero rectificaron a tiempo y encontraron la entrada a la prisión. Mina abrió la cerradura de la puerta con la ayuda de sus guantes mágicos y tras ella se encontraron con el carcelero, a quien intentaron reducir con magia, pero les salió rana y tuvieron que silenciarlo por la f
uerza. Como habían hecho bastante ruido, se apresuraron a buscar la celda de Rungard. Al no encontrarlo en las de la planta baja, bajaron por la trampilla que conducía al sótano, donde había seis celdas más. En una de ellas descubrieron a un hombre canoso, desnutrido y magullado, preso con unas esposas mágicas que le impedían invocar la ayuda de su dios. Tras confirmar que se trataba de Rungard, le quitaron las esposas con las llaves del carcelero y subieron por las escaleras. Dos guardias habían entrado en la sala para investigar, pero como la luz de sus antorchas no llegaba a iluminar a nuestros cuatro héroes, éstos seguían invisibles e inaudibles, así que abrieron a toda prisa un par de celdas y dejaron que un par de condenados ansiosos por volver a ser libres se ocuparan de los soldados.
Mientras tanto, Hornash, Tarin, y todos los demás, estaban realizando un ataque de distracción contra los guardias apostados en la muralla de la Antigua Pavis y en la plaza del templo frente al edificio de la administración. Algunos Aliados de Orlanth habían invocado la lluvia para apagar las antorchas y braseros de los lunares a la vez que Tarin y otros les rociaban con flechas desde un par de tejados. Otros alzaban el vuelo transportados por la magia del dios del viento para silenciar a los guardias de la antigua muralla y evitar que nadie pudiera dar la alarma.
Pese a sus esfuerzos, la alarma acabó sonando y pronto el combate llegó al cuerpo a cuerpo. Hornash, protegido con la bufanda de lana mágica que hacía su rostro inidentificable, descargó toda su ira contra el Imperio Lunar acabando con un guardia tras otro. Perlun el Huérfano cayó presa del
lanzazo ígneo de un hoplita de la Falange de Mármol, una de las unidades más temibles del ejército de ocupación en Pavis y, antes de que la situación se agravara más, el grupo encargado de la distracción se dispersó por las callejuelas oscuras.
Poco antes de eso, Naid y Rungard salieron de la prisión mediante la magia de teletransporte del veterano orlanthi. Por su parte, Mina, Nafai y Uldur fueron abriendo todas las celdas para que los prisioneros, al escapar en tropel, los ocultaran en su huida.
Después, todo el grupo se reunió en la residencia de otro partidario de la rebelión, al pie de la Colina de los Ricos, que los escondió en un sótano secreto. No obstante, la noche deparaba una última sorpresa. Hornash, al ver a Rungard, se dio cuenta que era el hombre al que llevaba buscando durante mucho tiempo: su propio padre.


Comentarios
Los grupos más famosos durante esta época fueron:
- Los Aliados de Orlanth, formados principalmente por orlanthis de Pavis (los descendientes de los orlanthis que llegaron con Dorasar, fundador de Nueva Pavis) y orlanthis exiliados de Sartar, que habían llegado a la ciudad huyendo del Imperio.
- Los Exploradores de Pavis, los restos de la caballería de Pavis, miembros de la Tribu Cebra. Después de ser derrotados en 1610, la mayoría de la tribu se exilió a los Yermos. Los que se quedaron tuvieron que aceptar la autoridad de Hagran el Sucio, aliado de los lunares. Pero aún quedaron otros que permacieron escondidos en la Gran Ruina bajo el mando de la familia Resh y que siempre se opusieron a los Lunares y a Hagran.
- Los Cinco Vientos, miembros de cultos de Portadores de la Luz, con algunos humaktis y seguidores del Toro Tempestuoso. Inicialmente liderados por una iniciada de Vinga, este grupo residía en la Gran Ruina. Aunque eran un grupo pequeño, todos tenían puesto precio a su cabeza por crímenes contra el Imperio Lunar.
- Enemigos de los Sables, casi todos miembros de la Tribu Impala. Aunque dicha tribu estaba casi al completo exiliada en los Yermos, este grupo residía en la Gran Ruina y tenía como enemigos jurados a la Tribu Sable, la principal aliada del Imperio Lunar en Prax.
Así pues, la mayoría de los grupos que se enfrentaban al Imperio Lunar estaban formados por gentes de diversos orígenes (orlanthis de Sartar y Pavis y nómadas animales, principalmente), con diversos motivos para odiar a los lunares, y con distintas ideas sobre qué hacer para vencerles.
Aunque oficialmente aliados del Imperio, diversas facciones del culto de Pavis (entre las que se encontraban los líderes de la Compañía), se oponían también a la ocupación y trabajaron desde las sombras para minar su autoridad.
Poco a poco, el Imperio fue aumentando la presión sobre todos estos grupos, y la oposición a un enemigo común hizo que muchas de estas facciones se unieran y colaboraran, hasta cierto punto, pero sólo la intervención de Argrath de Pavis consiguió al fin expulsar a los lunares de la región.
Aureclepius,
Sabio de Lhankor Mhy
En cuanto al rescate, suele ocurrir que para rescatar a uno tengan que morir uno o varios rescatadores :(
Rutius Escudoquebrado,
iniciado de Lhankhor Mhy