Yelorna, Orlanth y los Antepasados
Seguimos con las aventuras de Mina. Tan sólo rezo a Lhankhor para que la memoria no me falle y logre trasncribir los hechos tal como Mina los relató. Algún día de estos encontraré las páginas perdidas, tienen que estar por alguna parte... ya he buscado dos veces en mi armario, pero allí no están... en fin, mejor será que me centre en la historia antes de que se me olviden los detalles:
Tras pasar la noche en Ciudad Auténtica, en el cuartel de la Compañía de Pavis, Mina la Bella y sus amigos partieron en busca del grupo de rebeldes conocido como los Aliados de Orlanth. Formado por los fieles del dios de las tormentas de Pavis que decidieron no someterse al yugo del Imperio Lunar, este grupo está liderado por el legítimo sumo sacerdote o Voz de las Tormentas de Orlanth en Pavis, Orvost Tintalker, que se refugia en la inmensidad de la Gran
Ruina para escapar de la persecución de las autoridades lunares, que ofrecen un alto precio por su cabeza.
Sin embargo, antes de ir a buscar a los Aliados de Orlanth para pedirles ayuda con el rescate, el grupo de héroes decidió dirigirse hasta el templo de Yelorna, también en la Gran Ruina, donde el hermano del duque Raus les había dicho que podían llevar la Joya de Polaris (encontrada en la tumba maldita). Sardeus había oído que Polaris, el dios de la Estrella Polar, estaba relacionado con los mitos yelornianos, por lo que le interesaba saber qué precio estaban dispuestas a ofrecer por ella las amazonas seguidoras de ese extraño culto solar.
Para llegar al templo, Hornash, Nafai, Uldur, Naid, Tarin y Mina tenían que ir hacia el norte y cruzar el río. Andan
do por el Barrio Humano tuvieron la oportunidad de ver a algunos residentes de las ruinas restauradas dedicarse a sus quehaceres diarios, siempre atentos a cualquier posible peligro, ya que la Gran Ruina está llena de bandidos y cosas peores. Más adelante, en un callejón, se tropezaron con una serie de cadáveres recientes y no dudaron en despojarles de los pocos bienes que aún conservaban. Cuando llegaron al puente, los bandidos de Hargran el Sucio, el autoproclamado "Rey de la Gran Ruina", intentaron cobrarles un peaje superior al habitual, pero afortunadamente Skren Vester ya los había prevenido y no se dejaron estafar.
Mientras andaban por la zona de ruinas al otro lado del río, y una vez dejado atrás el Fuerte Cebra, el grupo fue rodeado de repente por un grupo de amazonas montadas en diversos animales: caballos,
cebras, alticamellos y unicornios. Al reconocer a las yelornianas, Mina les contó que se dirgían al templo por un asunto de negocios y las mujeres guerreras los escoltaron hasta allí con evidente desconfianza. En el templo de Yelorna conocieron a Morganeth Estrella Rúnica, la suma sacerdotisa, y al resto de iniciadas. Sin embargo, no llegaron a hablar mucho porque varias de estas últimas reconocieron y acusaron a Hornash, Nafai y Mina de haberles robado el acuñador de monedas de plata y de haber asesinado a varias iniciadas y unicornios en el proceso. Según éstas, la incursión había ocurrido durante la Estación del Fuego, una noche en que Morganeth no se encontraba en el templo, pero ni Mina ni los otros dos acusados recordaban nada debido a la pérdida de la memoria. Los tres tenían la impresión de que si habían cometido una aberración tan grave, debía haber sido por culpa de los lunares, y así se defendieron, pero las amazonas no los creyeron y encarcelaron a Mina, Hornash y Nafai sin dudarlo un instante, lo que dejó a Uldur, Tarin y Naid para pedir un precio por la Joya de Polaris. Morganeth les pidió que le dejaran consultar los pergaminos sagrados del templo y confirmó con gran asombro de todos los presentes, que en efecto se trataba de un artefacto sumamente sagrado para el culto de Yelorna, cuyo rastro se había perdido siglos atrás al desaparecer por completo (¿o tal vez al ser robado?) del plano mítico yelorniano de forma inexplicable, y se trataba de un regalo que el mismo Polaris había hecho a Yelorna para sellar su amistad. Naid, Uldur y Tarin propusieron entonces ofrecerles la Joya a cambio del indulto para sus compañeros, pero Morganeth arguyó que su crimen era demasiado grave como para dejarlos escapar tan fácilmente. Alrededor de la mesa donde estaban sentados empezó a r
espirarse una tensión asfixiante. Naid logró oír murmurar a varias iniciadas que arrebatarles la Joya al grupo sería más conveniente que ofrecer algo a cambio. Fue entonces cuando Uldur instó a Morganeth a jurar por su diosa que su culto no les atacaría para arrebatarles la Joya por la fuerza y la suma sacerdotisa, a quien no le gustaba que pusieran su honor en tela de juicio, y especialmente delante de toda su congregación, así lo hizo de inmediato. Naid propuso entonces que podrían demostrar su inocencia cuando sus amigos recuperaran la memoria con la ayuda de un ritual de Lhankhor Mhy y que, mientras tanto, el dueño actual de la Joya, el duque Raus, podría sin duda abogar por Mina, Hornash y Nafai.
Morganeth se quedó pensando unos momentos. Tal vez pensara que hubiera sido más fácil arrebatarles la Joya por la fuerza y punto, pero aquellos taimados advenedizos ya le habían engatusado para realizar un juramento por su diosa y, sin darse cuenta, se había metido en un callejón sin salida. Así pues, al cabo de unos instantes propuso que dos de sus mejores guerreras, dos de sus “escudos”, escoltarían la Joya hasta el Fuerte Raus, donde hablarían con el duque Raus en persona para confirmar la “historia” de la pérdida de memoria. Al fin y al cabo, ella había oído ya tantas cosas sobre el ejército lunar, que hasta podía llegar a ser cierto. Uldur, Tarin, Naid, Mina, Hornash y Nafai salieron del templo de Yelorna acompañados por dos amazonas de mirada severa montadas en bellos unicornios.
El grupo, compuesto ahora por nuestros seis protagonistas, los dos primos de Uldur y las dos amazonas, partió entonces en busca de los Aliados de Orlanth. La única pista que tenían para encontrar a este grupo de rebeldes orlanthis era el lugar donde los habían visto por última vez, en la orilla este del Zola Fel, poco después de dejar atrás la Isla de los Ogros, mientras atravesaban la Gran Ruina en barco rumbo a Pavis. Una vez llegados al edificio en ruinas, descubrieron un símbolo toscamente pintado con pigmento azul en una pared: una nube y una luna.
Fue entonces cuando Mina recordó la críptica clave que les había dado Ohorlanth para volverlos a encontrar: «el viento sopla fuerte; la nube oscurece la luna». Mina la Despampanante sopló sobre el dibujo e inmediatamente un leve destello en el horizonte le indicó el camino a seguir para llegar hasta el escondite de la banda. Allí tuvieron la oportunidad de conversar con el mismísimo Orvost Tintalker y le contaron el plan de rescate de Rungard. Seis de los rebeldes prometieron reunirse con ellos tres días más tarde en Pavis para ayudar a rescatar a su viejo amigo. Después de oficiar una ceremonia en honor a Orlanth, Orvost les dijo a Mina y Naid que lo siguieran. En la zona santificada secreta que servía de templo de Orlanth a los suyos había un altar dedicado al subculto de las Sandalias de la Oscuridad, donde Naid y Mina rezaron con fervor para obtener el don de caminar entre las sombras sin ser detectados.
Tras cenar y pasar la noche en el escondite del grupo rebelde, las dos yelornianas, a quienes se había vetado la entrada, avisaron a Mina y los demás que les aguardarían en Pavis. Tras realizar los juramentos pertinentes, los seis héroes y los dos primos de Uldur se separaron de las amazonas. Era el día divino de la semana del inmovilismo de la estación oscura y Uldur pidió al grupo que le acompañaran a un lugar más deshabitado posible porque debía oficiar la ceremonia anual en honor a los antepasados de su clan junto con sus primos, los dos únicos representantes que conservaba
de su tribu perdida. El grupo se internó en una zona salvaje y sin edificios llamada las Tierras de Caza, que era lo que a Uldur más le recordaba a las llanuras de Prax dentro de las murallas de la Gran Ruina. Mientras Uldur tocaba los tambores en trance y sus primos cantaban y realizaban la Danza de los Antepasados, el resto del grupo se sentó alrededor del lugar del ritual para evitar que fuera interrumpido de cualquier modo.
Al cabo de unas horas recibieron la visita de un grupo de mercenarios que les había seguido la pista contratados por Edyr el Roñoso, el líder de las minas de sal a las que estaban destinados los primos de Uldur. Sin embargo, Mina, Nafai, Naid, Hornash y Tarin defendieron el ritual con uñas y dientes y eliminaron sin piedad a sus oponentes. Ya era de noche cuando los agimoris terminaron su ceremonia y cayeron rendidos al suelo por el esfuerzo. Por la noche, mientras Naid montaba guardia vio unas formas oscuras moverse cerca del campamento, pero prefirió no alejarse del grupo para explorar. Más tarde, durante la guardia de Hornash, éste descubrió a tiempo una tarántula enorme y sorprendentemente ágil subiendo por el cuerpo dormido de Mina y la aniquiló de un sablazo.
A la mañana siguiente, los héroes decidieron volver a Pavis, pero primero tuvieron que pensar qué hacer con los dos primos de Uldur, ya que no tenían la licencia de aventurero necesaria para pasar por las puertas controladas por las fuerzas lunares. Siguiendo el consejo de la Compañía de Pavis, el grupo se internó en el Territorio Troll para tratar de sacarlos de la Gran Ruina a través de la brecha en la muralla controlada por los uz. Tras algunos intentos fallidos de comunicación, finalmente Naid logró pactar con los miembros de un clan troll la obtención de un salvoconducto para los dos agimoris.
Luego los seis héroes iniciaron el camino de regreso a la Puerta del Pueblo de Nueva Pavis atravesando toda la Gran Ruina. Por el camino, Naid cazó una cebra para sacrificarla en la fiesta sagrada de Orlanth y más tarde, en un nuevo encuentro violento con las gárgolas, consiguió abatir a una de ellas. Finalmente, cruzaron la muralla, pagaron el impuesto a los funcionarios lunares por los bienes obtenidos en la Gran Ruina y volvieron a la mansión del duque Raus. Allí se encontraron a Sardeus tremendamente preocupado por ellos: pensaba que tras cuatro días sin saber nada de ellos habrían caído víctimas de los peligros de la Vieja Pavis.
Comentarios
Yelorna es una de las hijas de Yelm, el Sol, y Ernalda, la Tierra, aunque comparte más la naturaleza ígnea de su padre que la terrestre de su madre.
Después de que Orlanth matara a Yelm, Yelorna luchó junto a su hermano Yelmalio contra los seres oscuros que invadieron el mundo, convirtiéndose en una de las escasas Luces en la Oscuridad.
Su principal enemigo durante la Oscuridad fueron los hijos de Xentha, la diosa de la noche. Para luchar contra ellos, Yelorna se alió con Polaris, dios de la Estrella Polar y sus hijos, y de ese modo se ganó el sobrenombre de Portadora de las Estrellas.
Su arma más conocida es el Arco Meteoro, con el cual luchó contra Argan Argar, el dios troll.
El culto de Yelorna da una oportunidad a las mujeres de las sociedades adoradoras del Cielo que desean servir como guerreras. Aunque en una sociedad tan opuesta a dar libertad a las mujeres, este culto es objeto de burla, lo cierto es que sus fieles son competentes jinetes y guerreras.
El culto de Yelorna conoce una búsqueda heroica secreta mediante la cual sus iniciadas pueden obtener un unicornio como montura, aunque la mayoría utilizan las típicas bestias de monta de Prax.
Poco años después de que el Imperio Lunar conquistara Pavis, Morganeth Estrella Rúnica fundó un templo de Yelorna en la Gran Ruina, y desde entonces han vivido allí, buscando tesoros como el Labrys o la Joya de Polaris, y alquilando sus servicios como mercenarios.
Aureclepius,
Sabio de Lhankor Mhy