La exploración de las ruinas


Semana de la muerte, día divino

Hornash justo había vuelto de su viaje para asistir a la fiesta sagrada de Humakt y, como teníamos el día libre le pedimos a Daine si podíamos ir a investigar las ruinas que habíamos encontrado en el pantano al machacar a los patos bandidos.

Un par de tritónidos nos llevaron en su barquichuela hasta el lugar. Después de volver a abrir la puerta mágica, vimos que detrás había una larga escalera con unos peldaños húmedos que descendían hacia la oscuridad. Propuse que Hornash fuera el primero en bajar y los demás lo seguimos. Yo con antorcha en la mano, claro, que por eso soy la más guapa del grupo.

Abajo llegamos a una habitación muy sosa llena de moho y cubierta de una capa de tres dedos de agua en la que había tres puertas de madera recia cuya calidad no se había visto en absoluto afectada por ochocientos años de humedad y goteras… impresionante. Sin embargo, el asombro y el regodeo terminó de repente cuando Hornash el valiente decidió atravesar una de las puertas (que estaban cerradas pero sin llave) y un campo de fuerza mágico le produjo un hermoso quemazón en la mano. Tras un tiempo de reflexión y cuidadosa investigación, descubrimos que las barreras mágicas sólo impedían el paso a los seres vivos, que tras la central discurría un pasillo y que tras las otras dos había sendas estancias cuadradas. Llegados a este punto, Uldur se sentó en el suelo y se puso a invocar a sus antepasados. Mientras el resto lo observábamos hacer gestos raros, cantar cosas raras y hablar raro con la pared, según él, había contactado con su bisabuelo y el yayo le había dicho que allí había magia extraña. Además, le había lanzado un conjuro protector para que pudiera pasar por las barreras. El chamán agimori pasó por la puerta izquierda y llegó a una especie de altar lleno de runas muy raras y esqueletos de anteriores exploradores que nos dieron muy buen rollo. Como el resto nos aburríamos, decidimos ir a por todas, pedimos a nuestros dioses que nos protegieran de aquella magia, y rezamos para no sufrir mucho al atravesar las barreras. Nafai se puso a picar el suelo con una piedra para intentar llegar al origen del encantamiento, Naid exploró la otra sala y vio que no había nada: ole-ole. Luego, Uldur y Hornash tiraron palante por el pasillo oscuro. Al cabo de unos minutos, oímos la voz de Uldur y Hornash avisarnos de que habían llegado a una sala grande en la que había muchos tesoros y nada menos que veintidós momias tendidas en veintidós nichos y tarimas de piedra. Sin embargo, yo sólo había escuchado lo del tesoro y ya estaba atravesando la barrera mágica para seguirlos. Y vaya tesoro; no sabía ni dónde posar la vista con tanto para mirar: oro, joyas… y un pedazo de piedra preciosa inmensa y brillante que me miraba con ojos afligidos diciéndome: “llévame contigo, por favooor”. Hornash y Uldur seguían discutiendo sobre si decapitar a las momias y luego quemarlas o viceversa cuando, de repente, vieron horrorizados como todas a la vez empezaban a levantarse en medio de una cacofonía de aullidos de ultratumba. Mientras los tres corríamos a toda castaña por el pasillo para salir de allí cuanto antes, noté las miradas acusadoras de Hornash y Uldur perforándome el cogote mientras yo pensaba: “pero si no me han visto coger nada, ¿por qué creerán que ha sido culpa mía? Bah, ¡hombres…!”.

Hornash decidió hacerse el héroe y al llegar a la sala de las tres puertas dio media vuelta, se encomendó al Humakt y se encaró a la hilera de pestilentes y milenarias momias que se acercaban por el pasillo blandiendo enormes mazas a dos manos. Supongo que el hecho de que una losa de piedra hubiera bloqueado de repente la salida también le ayudó a tomar esta decisión. Hornash era el hombre más feliz sobre la faz de Glorantha, petando momias a diestro y diestro y con la antorcha en el siniestro. Al hacérsele añicos la espada, y después una segunda y una tercera, le dijo a su momia "espérate aquí un momento, que vengo ya mimmo" y se fue a buscar una lanza de mierda. Nafai ocupó su lugar y enchufó su lanza a una batería de Niquel/Plutonio con la que agujereó las cabezas de 3 momias.

Naid se cansó de transportar escombros y pasó a la acción en la sombra, lo cual le convertía en un auténtico semi-inútil con más moral que el alcoyano. Mientras tanto, Kiba, su gata de caza, no paraba de rasgar a una momia tras otra, pero de manera muy poco eficiente, ya que se rasgó el ojo derecho, se torció el tobillo y se quedó lerda un buen rato.

Cuando Hornash llegaba con su lanza de mierda, yo ya no podía más y dejé que una momia soldado me destrozara brutalmente el hombro. Pero antes de sumirme en la oscuridad pensé que quizá la joya enorme que había encontrado en la sala de las momias podía llegar a servir para salir de aquel sótano, así que, como quien no quiere la cosa, grité: “¡Por cierto, que me he encontrado esto por ahí...!” mientras sacaba la joya de mi bolsillo secreto, y entonces ya sí que caí redonda. Por lo que me contaron después, al verme, Hornash pensó: "uy, mira, una espada en el suelo", e ignorando mi cadáver se lanzó de nuevo a por las momias. Uldur echó mano de toda su reserva mágica especial y empezó a curar a todos los que caían, a tutiplén, incluidos en el despiste general una momia y un helecho putrefacto al que le hizo un curación del tallo.

Tarin debió ser la única que se fijó en la joya, así que mientras Uldur me curaba, ella se dedicó a frotarse con la gema por todas partes.

Entonces me levanté, cogí la lanza de mierda que Hornash había descartado, fracasé 8 ataques seguidos, me tropecé con la lanza, me fui al suelo con el corazón partío y el tobillo más, y me puse a llorar. Tarin me vio y se me llevó a la pared de salida, con la gema y un objeto mágico traductor de runas. Como no sabíamos leer, dibujé las letras que veía con un carboncillo.

Mientras, Hornash y Nafai petaban momias, y Naid, a pesar de ser semi-inútil, se cargaba a 3 o 4 más. Uldur seguía curando todo cuanto se cruzaba en su camino, piiiim, un esqueleto de rata, paaaaam, la pierna de Mina, puuuum curación del cuerpo a Hornash.

El momento culminante llegó cuando cogí la espada que se le había caído a Naid al sufrir un zurriagazo, éste y Tarin se cargaron a flechazos a una momia (y mira que es difícil) y Nafai obtuvo finalmente la inspiración de su ígneo dios y liquidó a 3 o 4 momias más en un frenesí perforador. Venga cuida’t, hasta mañana Pascual.

Héroes 18, momias 0.

Pero claro, la losa de piedra seguía impidiéndonos huir de aquel maldito lugar, los ánimos (y las partes corporales de as momias) estaban por los suelos y, encima a alguien se le ocurrió recordarnos que aún quedaban cuatro momias con aspecto muy chungo en el salón oscuro del fondo... ¡Que alguien me mate, por favor…!

Primero, como veíamos que no se acercaban, intentamos resguardarnos en una de las salas y descansar, pero entonces nos empezaron a atacar con conjuros extraños y decidimos ir en plan suicida, que siempre mola más. Nafai, Hornash y Uldur encabezaron la carga por el pasillo tras implorar ayuda a sus dioses una vez más y se abalanzaron cada uno contra una momia hechicera. Éstas eran bastante rarillas. Una de ellas tenía una coraza en el brazo que luego descubrimos que era su brazo (!) y tenía un ojo rojo brillante. Por no mencionar que a todas les salía un tubo metálico de la espalda que terminaba en una caja al pie de las tarimas-sarcófago, pero claro, eso era lo de menos. Nosotros estábamos centrados en esa magia extraña que frenaba nuestras armas y que les permitía lanzarnos rayos rojos abrasadores, consumirnos las carnes y cegar a Nafai. Y curiosamente Nafai era el único que iluminaba la sala con la luz que su dios de los volcanes había hecho surgir de su lanza. O sea que un ciego nos iluminaba. Claro, así se entiende que las momias nos apalizaran a todos todas. ¿He dicho todos? ¡No! Naid, que se había quedado atrás como un cobarde, apareció hacia el final del combate, cogió la lanza de fuego perforador de Nafai y atravesó a la última momia salvándonos a todos en el proceso. Muy bonito Naid, ya podrías haber venido antes. Entre los tesoros encontramos un resorte que reabría el pasillo de salida y nos fuimos de allí sin acabar de creernos que hubiéramos logrado sobrevivir. Esa noche soñé con momias. Ah, sí, y con el tesoro obtenido...

Comentarios

Rutius ha dicho que…
¡Vaya lío de combate! Necesito alguna aclaración porque no me he enterado de mucho. No me explico cómo no murió ninguno de ellos.

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