De Piedra Invisible a Puertacuernos
Día del fuego
“La historia de Tarin”
Era nuestra segunda jornada de viaje a través de las colinas de Erithia y el día había amanecido ventoso. El aire levantaba la arena del suelo, cosa que empezaba a ser realmente molesta. Yo iba en el grupo de los exploradores, delante de la caravana para avistar posibles enemigos y amigos, aunque a causa del viento la visibilidad era cada vez más reducida. Al cabo de poco se nos acercó un jinete impala al galope. Supuse que algo malo pasaba pero sus palabras me dejaron helada: ¡¡¡se acerca el aliento del Toro!!! ¡Oops, y yo en terreno descubierto..!. Busqué como una loca algún refugio, pero allí no había nada. Otro de los guías me comentó que más adelante había unas ruinas y que quizás allí hubiera alguna posibilidad de refugiarnos. Pero alguien tendría que avisar a los de la caravana para que apretaran el paso e indicarles hacia donde nos dirigíamos. Yo me ofrecí voluntaria, sobre todo porque era la que mejor montaba y por tanto iría más rápido, pero el maldito viento era tan fuerte que caí de la cebra y esta se dirigió hacia la caravana sin mí. Desorientada y ante la certeza de la llegada inminente del Aliento del Toro, avancé a trompicones con la esperanza de encontrar refugio o llegar a las ruinas, ya que la posibilidad de llegar a la caravana era nula. Se iba apoderando de mí la desesperanza cuando se acercaron dos jinetes. Cuál no sería mi sorpresa al ver que se trataban de Nafai y Gurnack que al ver llegar a mi cebra sin montura, temieron acertadamente que algo me hubiera pasado. El viento arreciaba cada vez con mayor furia, en breve tendríamos el Aliento sobre nosotros, así que nos protegimos con nuestras túnicas, cubriéndonos nariz, ojos, boca, oídos,... y emprendimos camino hacia una luz que creí divisar. Supongo que tener a Gurnack tan cerca me afectó un poco, pero el caso es que mi túnica salió volando a la primera ventada (y eso que como buena nómada no era la primera vez que hacía una). El aire me empezó a entrar por la nariz y boca, cada vez me costaba más respirar, Nafai había desaparecido y la oscuridad empezó a cernirse sobre mí...
Cuando desperté me encontré en una cueva que a su vez era la entrada a una ciudad... diferente, no sé explicarlo de otra manera, la arquitectura, los materiales, la disposición de los edificios… Todo era raro, diferente. A la entrada de la ciudad dos criaturas extraordinarias que jamás había visto nos preguntaban algo en un idioma desconocido. Nafai, creo, me dijo que se trataban de dragonuts. Uno de ellos hablaba un poco el comercial y nos preguntó si éramos espías del Imperio Jrustelano (?) o bien si éramos Viejos Tradicionalistas (¿?). Nuestra
respuesta negativa pareció satisfacerles en principio, pues nos permitieron el paso hacia esa ciudad y como estábamos cansados y heridos no nos cuestionamos nada y entramos. Al principio fuimos a una taberna con la esperanza de que nos alojaran, pero los habitantes de aquel lugar no eran precisamente lo que se conoce como amistosos y las diferencias lingüísticas acentuaban aún más su recelo hacia nosotros, de manera que no quisieron alojarnos y nos tuvimos que ir. Anduvimos y anduvimos, nos perdimos, subimos a una torre enorme sobre la que se divisaba toda la ciudad (¿realmente estábamos dentro de una cueva? De hecho ¿dónde diantre estábamos?) y que contenía en la cúspide la estatua de un gran dragón (enorme) que sostenía entre sus garras una campana de bronce. También había varios edificios en la cima de la torre con más criaturas dragonuts de ésas. Algunas eran realmente hermosas y tenían alas y parecían ser las que mandaban en la ciudad. Observamos que el patio sobre el que pendía la enorme campana estaba fuertemente custodiado por 10 criaturas dragonuts de aspecto fiero y supongo que, por defecto, profesional (y porque no teníamos nada más que hacer) observamos sus pautas de relevo, anotando mentalmente que en el cambio de turno siempre quedaban dos de ellos. Luego decidimos volver a la ciudad y buscar la puerta de salida. La encontramos cuando ya oscurecía pero, al intentar salir, nos encontramos dentro de nuevo, situación que despertó en mí una incipiente claustrofobia. Ya empezábamos a desesperar cuando un hombre se nos presentó, hablando un magnífico comercial. Dijo llamarse Surik y pertenecer al condado de la Cúpula Solar y nos contó que al igual que nosotros, hacía unos 10 años que había llegado a esta ciudad, que vivía y trabajaba allí y que aunque había intentado escapar, jamás lo había conseguido y finalmente se había resignado. Nos ofreció compartir su techo y comida, cosa que aceptamos encantados, ya que, aparte de la posibilidad de descansar, tendríamos la oportunidad de averiguar más sobre la extraña historia de Surik, y tal vez, con su ayuda y conocimientos de la ciudad, hallar la manera de escapar de nuestra extraña prisión. Mientras preparaban la cena, Nafai se me acercó, un poco nervioso al principio (supongo que porque a los dos nos cuesta coger confianza con los desconocidos) y yo temí alguna indecencia por su parte pues Mina ya me había comentado con anterioridad su interés por mostrarme el manejo de su “lanza”.
Pero nada más lejos de la realidad: Nafai me explicó con paciencia, porque me costaba entenderle y no teníamos a Gurnack para que nos ayudara con la traducción, el peculiar sentido del humor de Mina y que realmente pensaba que podría enseñarme a mejorar con la lanza, y acepté encantada la oferta (creo que a Gurnack que escuchaba a escondidas en la cocina no le hizo mucha gracia porque frunció los labios y compuso una expresión hosca que mantuvo a lo largo de la noche). Pienso que este gran guerrero a pesar de esa apariencia dura esconde un gran corazón, es un cielo, la verdad, y por un momento agradecí la oportunidad de estar con él a solas y poder conocerlo un poquito mejor. Porque con Naid paso mucho tiempo cuando vamos de avanzadilla y también cuando vamos de caza, aunque a veces tengo la sensación que prefiere la compañía de su gata que la mía; Hornash es bastante huraño y apenas he hablado con él, me parece que no le gusta nadie en general, aunque tolera bastante bien a Nafai y a Mina; con Mina la cosa es diferente, debe ser porque es mujer y a mí, se me da bastante bien el trato con la gente de mi mismo sexo, supongo que porque hasta ahora solo me había relacionado con mujeres excepto en alguna ocasional cacería y en la lucha que me llevó a convertirme en prisionera de estos asquerosos lunares y luego mercenaria, pero me temo que no acabo de entender su sentido del humor, ¿por qué me diría esta asquerosidad sobre Nafai y su lanza? Y luego está el otro nómada que mide casi 3 metros, pero el pobre ha estado enfermo todo el rato o de búsqueda espiritual, o lo que haga, y no he hablado con él. En fin. La cena transcurrió tranquila hasta que preguntamos a Surik cuándo había entrado en la ciudad. Nos contestó con seguridad que haría unos 10 años así que nos debíamos hallar en el 1535 TS. Gurnack casi se cae de la silla y Nafai abrió los ojos como platos. Le dijimos que eso era imposible ya que estábamos en el 1619 TS y fue el momento de que él estuviera a punto de caerse de la silla a la vez que abría los ojos como platos. No nos creyó e insistió en que 1535 TS era la fecha correcta y creo que pensó que estábamos un poco desorientados por no decir que mal de la cabeza. Le pregunté que quién le había dado la casa y el trabajo pero se me quedó mirando confundido y contestó que no lo sabía. No conseguimos sonsacar gran información, solo cosas que ya sabíamos por lo que habíamos observado durante nuestros paseos por la ciudad. Nos fuimos a dormir pero una explosión en la madrugada nos despertó de golpe. Corrimos al exterior y vimos un gran boquete en la casa de enfrente y entramos para ver si alguien había resultado herido. Nadie había resultado herido, por fortuna, pues allí sólo había un hombrecillo lleno de yeso y un pelín chamuscado. Se presentó como Tejearcilla y estuvimos conversando con él un rato. Era un inventor y también había llegado a aquella extraña ciudad y jamás había podido salir, de eso haría unos 100 años (o una barbaridad así). Resultó curioso que tampoco recordara quién le había proporcionado la casa donde vivía, así como otros datos básicos, y empecé a preguntarme si cuanto más tiempo pasáramos allí, más propensos a olvidar cosas estaríamos. Le comenté mis inquietudes a Nafai, que al parecer tenía las mismas, y resolvimos que teníamos que hallar una solución para escapar de inmediato. Tejearcilla, como agradecimiento por nuestra preocupación, nos regaló un objeto de su invención a Nafai y a mí (increíblemente Gurnack seguía durmiendo). El de Nafai era un objeto que al ser pulsado un botón salía disparado un artilugio unido a una cuerda que se fijaba en el lugar al que se apuntaba de manera que servia para deslizarse por la cuerda o bien para descolgarse. El mío era asombroso: un tubo metálico con un botón que al ser pulsado ocasionaba que del tubo emergiera un potente haz de luz y al pulsarlo otra vez, la luz desaparecía. Le dimos las gracias y volvimos a casa de Surik con la idea imperiosa de encontrar la manera de salir de allí cuanto antes. Paseando por la ciudad, decidimos entrar en algún templo para averiguar si era algún tipo de sortilegio el que nos impedía salir de allí y la manera de anularlo.
Entramos en uno dedicado a la Vía Dracónica y el Dragón Cósmico y observamos asombrados como un hombre era capaz de transformar su rostro hasta convertirlo en el de una criatura dragonut para luego volver a transformarse en el suyo. Alucinados todavía, abordamos a lo que parecía ser un acólito que se mostró reacio a contestar a nuestras preguntas hasta que le dije que posiblemente estuviéramos interesados en convertirnos en adeptos de su religión. Ahí cambió la cosa y estuvo unas 3 horas contándonos la extensa historia de la ciudad, que resultó pertenecer al imperio IAW o Imperio de los Amigos de los Wyrms y que por lo visto nos hallábamos en el año 935 TS (esta gente tenía un serio problema en el cálculo del tiempo), y también sobre su religión. Ahí la cosa se puso interesante pues, según su tradición, existía una campana de bronce que si era tocada significaría el fin del mundo. ¿Sería la misma campana que pendía de las garras de la inmensa estatua dragónica en la cima de la torre? ¿Por eso estaba fuertemente custodiada? ¿Qué pasaría si era tocada? ¿Con qué había de ser golpeada? ¿Nos atreveríamos a hacerlo? Tras mucho pensarlo, decidimos que no perdíamos nada con probarlo, tal vez esa campana era la respuesta a nuestras plegarias, la clave con la que romper el misterioso hechizo que nos retenía en esa ciudad que ya estaba empezando a odiar con todas mis fuerzas. Trazamos un plan de acción: nos encaramaríamos por los cuartos traseros del dragón que sobresalían de la escalera y por tanto era un sitio desde el que no nos verían los custodios de la campana, y avanzaríamos hasta las garras que sostenían la campana. Nos deslizaríamos con la ayuda del aparato que Tejearcilla le había regalado a Nafai (ya que había un trozo en el que teníamos que trepar y nos sería muy útil). El último tramo era el más arriesgado puesto que tendríamos que saltar de la campana hasta el suelo del patio que era custodiado y sería el momento de máxima vulnerabilidad, pero contábamos con la ayuda de Surik, que intentaría distraer a los guardias fingiendo que había visto un espía del Imperio Jrustelano.
Una vez decidido el plan de acción, nos encaminamos hasta la torre y subimos hasta el punto del que partían los flancos traseros de la estatua. Nos despedimos de Surik y le agradecimos su ayuda. Mientras él seguía subiendo por la escalera, lo miramos y por un momento tuve la extraña sensación de que lo veía desaparecer. Sacudí la cabeza para despejarme y seguí a Nafai por la estatua. Todo fue bien y conseguimos trepar con la ayuda del aparato hasta las garras de las que pendía la campana. Observamos desde nuestra atalaya dos cosas: una era que en el suelo del patio había una vara con la que golpear la campana, y la segunda era que la maniobra de Surik parecía haber funcionado porque sólo permanecía en el lugar la mitad de la guardia y estaban de espaldas a nosotros. Nafai fue el primero en saltar. Era la parte más arriesgada pues un paso en falso y nos precipitaríamos al vacío. Se dirigió veloz hacia la vara, e intentó alzarla para golpear la campana, pero debía ser muy pesada y no lo consiguió.
Fue en ese momento cuando se torcieron las cosas. En un momento todo se volvió en nuestra contra. Uno de los guardias se giró y nos vio y rápidamente se dio cuenta de nuestras intenciones. Gritó para avisar a los demás y se dirigieron corriendo hacia nosotros con intenciones claramente hostiles, algunos corriendo y otros alzando el vuelo con sus alas. Nafai era incapaz de levantar la vara y nosotros seguíamos colgados en la campana. Yo saqué el arco y empecé a disparar para dar tiempo a Nafai de conseguir levantar el maldito trasto y por si acaso enlentecí a un par de dragonuts. Gurnack saltó para ayudar a Nafai pero el pobre se precipitó al vació. Por un momento el corazón se me detuvo y el tiempo pareció transcurrir muy lento. Intenté agarrarlo pero no llegué a tiempo. Así que ahí estaba yo, paralizada en la cima de una campana que pendía sobre un abismo por el que acaba de precipitarse el único hombre capaz de sacarme de quicio y despertar curiosas sensaciones a la vez, y con Nafai abajo en claro peligro. Tirar flechas no serviría de mucho pues su armadura les protegía y tardaría una eternidad en abatirlos a todos. Sólo había una solución: tenía que saltar para enfrentarme con la lanza a los guerreros y ayudar a Nafai a levantar la vara, en ese orden o al revés. Así que... salté. Recé a Yelorna que siempre cuida de sus amadas hijas y salté al vacío. Ella pareció escucharme pues llegué al suelo junto a Nafai que ya se batía en duelo con uno de los guardias. No sé cómo lo hicimos pero después de herirlos conseguimos levantar la vara y golpear la maldita campana. Un enorme GONG resonó por el cielo y después todo cambió, y ya no estábamos en la ciudad sino en un espacio vacío, oscuro. Gurnack estaba tendido en el suelo. Me acerqué para ver si estaba vivo, gracias a Yelorna que lo estaba, pero el pobre se había desmayado. Nafai permanecía mudo y mantenía la mirada fija hacia delante. Estaba muy pálido. Me giré lentamente y quedé yo también muda de asombro. Por un momento no pude respirar. Nos hallábamos ante un dragón. Un dragón auténtico. Era enorme, bueno, enorme es poco, de hecho con la vista no podíamos abarcar su cuerpo entero. Nos miraba fijamente y cuando habló el suelo vibró y por un momento temí que mis tímpanos saltaran en pedazos, tal era la potencia de su voz. Nos dijo: "HUMANOS INSIGNIFICANTES, OSÁIS DESPERTARME DE MI LETARGO. ADMIRO VUESTRO CORAJE, Y POR ESO ACCEDERÉ A RESPONDEROS A TRES PREGUNTAS VERAZMENTE. SIN EMBARGO, DESPUÉS DE RESPONDER A VUESTRAS PREGUNTAS OS DEVORARÉ COMO CASTIGO A VUESTRA INSOLENCIA. PREGUNTAD RÁPIDO, ¡PUES YA SE ME AGOTA LA PACIENCIA...!"
Oh-oh, creo que estábamos en un buen lío. Primero preguntamos si era posible volver con nuestros amigos y el dragón contestó que sí, pero que en cuanto llegáramos seríamos devorados así que para qué serviría eso. Razón no le faltaba. Luego preguntamos si había alguna posibilidad de no morir devorados, y contestó que no, que lamentablemente e inevitablemente íbamos a ser devorados después de nuestra siguiente pregunta. ¿Qué preguntar? La cabeza me dolía de tanto pensar y cuando Nafai estaba a punto de formular la última pregunta, la solución se relevó ante mí y entonces comprendí, y supe cuál era la pregunta que nos sacaría a todos de allí. Quizás estuviera equivocada y fuéramos a morir de todos modos, pero algo en mi interior me decía que no. Así que mientras Nafai empezaba la pregunta, mi voz se sobrepuso a la suya y en voz clara y firme dije: “¿podemos hacer que vuelvas a dormirte?” El dragón pareció meditar durante unos instantes y ya no recuerdo más.
Cuando despertamos volvíamos a estar en las Colinas de Eiritha. El Aliento del Toro había pasado y todo parecía estar en calma. Nos miramos confusos. ¿Había sido tan sólo un sueño mío al haberme desmayado tras la ingestión de un montón de arena? Pero por la cara pálida de Nafai y Gurnack supe que no, que había pasado de verdad. Como nuestras piernas no nos sostenían aún, hablamos, intentado saber qué había pasado y estas fueron nuestras conclusiones: que la pregunta que hice sirvió al dragón para darse cuenta de que aún no estaba despierto del todo y por tanto no podíamos ser castigados por haberlo despertado (lo que me llevó a la solución fue el hecho de que si nuestro castigo era por haberlo despertado, la solución estaba en volverlo a dormir); que despertar a un dragón de tamaño monstruoso debía ser un proceso que debía durar años; y la última conclusión fue que toda la ciudad era producto del sueño de ese dragón y que de algún extraño modo habíamos entrado en él sin querer al intentar huir del Aliento del Toro. En ese momento, los otros exploradores de la caravana nos encontraron y nos llevaron de vuelta al ¿hogar, dulce hogar?
Cuando terminé la historia, vi que Mina me miraba con suspicacia. Creo que no creía ni la mitad de lo que había explicado, normal, yo tampoco lo hubiera hecho. Pero entonces esbocé mi sonrisa más maliciosa y metí la mano en mi mochila de la que extraje un tubo cilíndrico. Lo sostuve un momento ante su hermoso rostro, apreté el botón, tal como Tejearcilla me había enseñado, y el potente haz de luz la deslumbró. Ahogó un grito y entonces comprendió de dónde había sacado aquel fantástico aparato y vi, que en ese momento se daba cuenta de que todo lo que había contado era verdad. Volví a pulsar el botón y la luz desapareció como por arte de magia. Guardé el invento otra vez en mi mochila, le deseé buenas noches y la dejé sola con sus pensamientos.
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